Autismo: 1 de cada 88

Autismo:1 de cada 88

Hoy es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. En todo el mundo, familias, asociaciones, investigadores y amigos llevarán puesto algo azul, colgarán una bandera azul o una cinta azul de una ventana, iluminarán todo el edificio de azul para decir que el autismo nos preocupa y que no dejaremos nunca solas a las personas afectadas por un trastorno del espectro autista (TEA) ni a sus familias. Y el azul es mi color favorito. Hay que concienciar al mundo y para ello es necesario, es importante, hablar del estudio que más impacto está causando en lo que llevamos de 2012. Lo ha publicado el CDC (Center for Disease Control and Prevention: Centro para el control de enfermedades y su prevención). El CDC de Atlanta forma parte de la mitología de la ciencia. Trabajan allí unas 15.000 personas y tienen un presupuesto en torno a los 8.000 millones de euros anuales. Sus enemigos van del SIDA a la malaria, de la obesidad a la gripe aviar, y también el autismo. Si surge una enfermedad nueva en alguna parte del mundo es muy probable que a las pocas horas de detectarse los primeros casos, aparezca un equipo del CDC con sus trajes de astronauta decididos a identificar esa enfermedad y a buscar como atajarla. Por eso, por su prestigio, por la calidad de sus profesionales, por su mezcla de trabajo de campo combinado con los laboratorios más rigurosos del mundo es tan importante el trabajo publicado el 30 de marzo de 2012. El autor es Jon Baio. Ha trabajado sobre datos de 2008. Se ha centrado en el estudio del número de casos de autismo en 14 poblaciones que forman una red de vigilancia sobre el autismo. El total de niños analizados es de 337.093. El estudio se ha basado en niños de 8 años porque parece que a esa edad se produce el pico en la identificación de casos de autismo. Los criterios aplicados han sido los actualmente vigentes en el DSM-IV TR (ver post anterior). Las 14 localidades de la red han sido estudiadas anteriormente siguiendo los mismos criterios. Los datos de 2008 muestran una prevalencia de TEA de 11,3 niños de cada mil estudiados. Es decir, uno de cada 88. La prevalencia varía en las localidades estudiadas entre menos de la mitad (4,8/1.000) y casi el doble (21,2/1.000) de la media. Como era de esperar, la prevalencia era muy diferente entre niños (1 de cada 54) y las niñas (1 de cada 252). También hay diferencias estadísticamente significativas entre grupos étnicos. La prevalencia de TEA era máxima en niños blancos no hispanos (12,0/1.000), menor en los niños negros no hispanos (10,2/1.000) y la menor se veía en los niños hispanos (7,9/1.000). Los datos comparando con las mismas localidades en años anteriores mostraban un incremento del 23% en los datos del 2008 cuando se comparaban con los del 2006 (que indicaban un aumento del 9,0/1.000 entre los niños de ocho años en el 2006 al 11,0/1.000 en los niños de la misma edad en 2008) en las once ciudades que tenían datos de esas dos fechas. El aumento era del 78% cuando los datos del 2008 se comparaban con los del 2002 (de 6,4 por 1.000 a 11,4/1.000 en las 13 ciudades que proporcionaron datos de los dos años). Todo esto indica que Los TEA deben importar a todo el mundo y son un problema importante de salud pública. El número de casos parece seguir en claro aumento año tras año. Es necesario seguir estos estudios para cuantificar los cambios, las distintas variantes, las distintas poblaciones afectar y entender qué es lo que está pasando. Debemos conseguir identificar las razones que están haciendo que la prevalencia crezca tan rápido. Debemos identificar los factores de riesgo para los TEAs. Debemos atender las necesidades de las personas con TEA y sus familias.